The Show Must Go On es una canción de Innuendo, el último album que grabó Freddie Mercury con Queen antes de su muerte. Este video que les dejo, fue creado a partir de imagenes de archivo del grupo, pues Freddie murió poco antes de la edición de este disco. Sin embargo, no me dejo de asombrar con el poder de su voz y de su espíritu, pues este album lo grabó en precarias condiciones de salud (tanto asi que Brian May jamás pensó en que el disco se terminaría). Es un mensaje muy claro el que Mercury ha dejado a su fanaticada y a todo el mundo en general.
Este es un espacio para hablar de música, cine, televisión, internet, algo de historia y de algunas de mis experiencias. Soy experto en trivialidades sin importancia y me gustan las historias inconclusas.
jueves, 23 de abril de 2009
viernes, 10 de abril de 2009
Slash, half man, half beast
Supongo que comenzar a ver pequeños duendes con rastas (iguales a Predator), caminando y saltando por la habitación, es un síntoma de que algo en tu cabeza no va bien. Si además te invade la paranoia, y eres capaz de atravesar a toda velocidad vestíbulos de hoteles completamente desnudo, llevándote por delante cualquier cosa (incluidas puertas de vidrio), creo que ha llegado la hora de bajarte del tren. Estas son algunas de las alucinantes (nunca mejor dicho) experiencias que narra Saul Hudson en su autobiografía. Hay un poco de todo, hay sexo, hay muuuuuchas drogas, y mucho rock and roll. Pero sobre todo creo que hay sinceridad en este libro. Muchas respuestas, muchas sorpresas y muchos sinsabores también.
Saul Hudson, o como todos le conocemos, Slash, se ha tomado su tiempo para recordar y para escribir este libro. Sobre todo para reco
rdar, porque como el bien dice, desde principio de los ochenta, hasta bien entrado el nuevo milenio, su cabeza ha estado bastante jodida (fucked up es la expresión utilizada en inglés). No obstante, el resultado es bastante bueno. Todo aquel que decida adentrarse en las cuatrocientas y pico de páginas del libro, disfrutará de emocionantes e hilarantes anécdotas. Si además eres fan de Guns and Roses, este es un libro obligatorio.
rdar, porque como el bien dice, desde principio de los ochenta, hasta bien entrado el nuevo milenio, su cabeza ha estado bastante jodida (fucked up es la expresión utilizada en inglés). No obstante, el resultado es bastante bueno. Todo aquel que decida adentrarse en las cuatrocientas y pico de páginas del libro, disfrutará de emocionantes e hilarantes anécdotas. Si además eres fan de Guns and Roses, este es un libro obligatorio. No es mi intención resumir acá el contenido de la autobiografía. No podría privar a nadie del gusto de leer en palabras del propio Slash las aventuras de su niñez, de su precoz adolescencia y de su salto a la fama como guitarrista de Guns and Roses. Sin embargo, me permito hacer algunos comentarios sobre lo que con mucho regocijo he leído en las últimas noches.
Este es un libro que a primera vista, pareciera revisar la historia y la trayectoria de Slash como músico. Sin embargo, pensándolo bien, es un libro sobre creación y destrucción. Inclinándose bastante hacia la segunda de las opciones. Esto lo digo, y ya sin darle más vueltas, por la presencia omnipresente que tienen las drogas, y en especial la heroína, en la vida de Slash y en la de casi todo su entorno. Si quieren conocer el proceso de auge y decadencia de Guns and Roses, este es un interesante y acertado comienzo. El libro de Slash es una descarnada revelación de la vida de un adicto. De cómo se compaginan en la vida del músico, con todos los clichés incluidos, el alcohol, las drogas, la creación musical y la diversión. Créanme, el libro es tan entretenido como las primeras novelas del escritor norteamericano William Burroughs, llenas de excesos, llenas de humor y de machacona locura. Mucha tinta ha corrido desde el rompimiento de Guns and Roses. Bien, esta es una oportunidad de escuchar la versión de Slash, que si bien se alejará mucho de la que nos podría ofrecer el señor Axl Rose, es tremendamente sincera y nada autocomplaciente.
Desde el punto de vista musical, el libro ofrece detalles del proceso de composición y de creación de las canciones y los discos de Guns and Roses. Es bastante interesante descubrir que canciones
como You Could be mine o la propia November Rain, fueron escritas en la época de Appetite for Destruction (ya me sospechaba yo algo con el sonido de You could be mine). De cómo el ambiente y la relación entre los miembros de la banda fue descendiendo hasta el punto de grabar The Spaghetti Incident por separado. Y de mucho otros detalles de las giras y de los problemas legales que llevarían a la desbandada del grupo. En fin, mucho que leer, mucho que reír. El libro está escrito por un hombre que se cubre el rostro con cabello y esconde la mirada bajo un sombrero de copa. Pero que definitivamente no se ha guardado nada a la hora de escribir. Y que nadie se equivoque, Slash en ningún momento se expresa indebidamente de ningún miembro de la banda. Sólo habla por si mismo. Bueno, realmente ha hablado a lo largo de todos estos años con la guitarra, que si a ver vamos, es lo que realmente sabe hacer mejor.
como You Could be mine o la propia November Rain, fueron escritas en la época de Appetite for Destruction (ya me sospechaba yo algo con el sonido de You could be mine). De cómo el ambiente y la relación entre los miembros de la banda fue descendiendo hasta el punto de grabar The Spaghetti Incident por separado. Y de mucho otros detalles de las giras y de los problemas legales que llevarían a la desbandada del grupo. En fin, mucho que leer, mucho que reír. El libro está escrito por un hombre que se cubre el rostro con cabello y esconde la mirada bajo un sombrero de copa. Pero que definitivamente no se ha guardado nada a la hora de escribir. Y que nadie se equivoque, Slash en ningún momento se expresa indebidamente de ningún miembro de la banda. Sólo habla por si mismo. Bueno, realmente ha hablado a lo largo de todos estos años con la guitarra, que si a ver vamos, es lo que realmente sabe hacer mejor. Les dejo un video legendario de Guns and fucking Roses. Mi canción favorita de Guns: Nightrain (con la que abrieron el concierto de Caracas, donde estuve en 1992) y de donde extraje la frase que da titulo a este escrito. Enjoy.
lunes, 23 de marzo de 2009
Joyas que hay por ahi: David Gilmour y David Bowie
Esto no tiene desperdicio. Comfortably Numb con la participación de David Bowie. Atentos al solo de Gilmour, que es para cagarse los pantalones.
¿Tu está en drogga?
Hace un par de años, a eso de las tres de la mañana, tuve una extraña conversación con un simpático vejete italiano. Estaba de visita en Roma, y por haber tomado uno de esos vuelos baratos, llegué bastante tarde al hotel. Estaba en compañía de mi esposa, de mi cuñado y de un sobrino. Nos chequeamos con el amable viejecito y subimos a la habitación. Como era diciembre, afuera hacía un frió de cojones. Pero adentro, en la habitación y en todo el hotel, estaba la quinta paila del infierno encendida. Era insoportable. Ridículamente caliente para cuatro habitantes del trópico. La calefacción era centralizada (algo cada vez más frecuente en los hoteles de gama media), así que decidí bajar y solicitarle al abuelete que bajara la llama del maldito horno. El problema surgió cuando me percaté que no podíamos entendernos muy bien. El no hablaba inglés, mucho menos español, y yo no parlo niente de italiano. Así que la conversación se fue por los caminos más extraños y mestizos del lenguaje. Palabras inventadas, frases mutantes de italiano-español-inglés. Apelé a todos mis conocimientos de mímica (en italiano por supuesto), y finalmente pudimos entendernos: “La calefacción está demasiado fuerte” “me estoy asando ¡coño!”, “préstame un abanico”, cosas por el estilo. Lo gracioso de todo esto, y a lo que realmente voy, fue la cara y la expresión del amable Nono cuando por fin entendió mi petición: -¿Que quieres que baje la calefacción?- ¿Aire acondicionado?, Pero es invierno!! No se puede apagar la calefacción.
Bueno, al final no pude hacer nada y regresé a la habitación con una sonrisa en la cara. Yo, un sudaca que no está acostumbrado al frío, le pido a un italiano que apague esa maldita cosa porque me da calor, y es verdad, es invierno, nadie se quiere congelar el trasero durmiendo!!!. Al contar la historia a mis acompañantes, surge el chiste que da título a este artículo. La cara del viejito, sus gestos, y lo que seguramente me quiso decir en perfecto dialecto del Abruzzo fue: Pero tu de que vas? Tu está en Drogga????? No pudimos dejar de reír por un buen rato imaginándonos al vejete diciéndome eso una y otra vez, al escuchar mi estúpida petición, apagar la calefacción cuando hace 0 grados centígrados afuera.
Desde entonces me encanta utilizar esa frase. No solo me recuerda aquel hecho, sino que traduce perfectamente esa frecuente sensación de incredulidad ante un disparate. Y vaya que uno escucha cualquier disparate a diario. Solo hace falta salir a la calle, ver televisión o escuchar al político de turno. Tu está en Drogga? Es mi respuesta diaria a la estupidez humana. Eso sí, debe ser pronunciada en perfecto italiano fingido, de lo contrario, pierde el encanto mediterráneo y latino. Y funciona. En la mayoría de la veces te hace sobrellevar con alguna risa las cosas tristes de la vida. Esas ironías o injusticias que están más allá de nuestras posibilidades. Esas pequeñas cosas que te afectan. Esas tonterías que te depara la vida minuto a minuto.
Hace una semana por ejemplo, la frase me sirvió para borrar la mueca de horror que me produjo el nuevo disco de Chris Cornell. Ni siquiera estaba al tanto de que hubiese sacado algo nuevo al mercado. Su anterior disco como solista, Carry On, aun permanece como una novedad en mi colección. Me topé con la noticia por casualidad en Inte
rnet, y cuando escuché las nuevas canciones (esta mierda para ser precisos), casi me voy en vómitos. Esto no fuese nada particular si estuviésemos hablando de cualquiera de los nuevos artistas que a diario inundan las radios y los mp3 de los adolescentes en la actualidad. No señor, dios me libre de defender semejante basura empaquetada y prefabricada. El asunto se pone serio cuando me percato del personaje: es Chris Cornell, el líder de Soundgarden, de Temple of the dog, de Audioslave y en resumen, de la movida de Seattle de los años 90 (en conjunto con Kurt Kobain y Eddie Vedder por supuesto). Estoy hablando de una de las mejores y más potentes voces de la historia del Rock, de un gran compositor y de un respetable guitarrista rítmico, en fin, de un músico bastante completo.
rnet, y cuando escuché las nuevas canciones (esta mierda para ser precisos), casi me voy en vómitos. Esto no fuese nada particular si estuviésemos hablando de cualquiera de los nuevos artistas que a diario inundan las radios y los mp3 de los adolescentes en la actualidad. No señor, dios me libre de defender semejante basura empaquetada y prefabricada. El asunto se pone serio cuando me percato del personaje: es Chris Cornell, el líder de Soundgarden, de Temple of the dog, de Audioslave y en resumen, de la movida de Seattle de los años 90 (en conjunto con Kurt Kobain y Eddie Vedder por supuesto). Estoy hablando de una de las mejores y más potentes voces de la historia del Rock, de un gran compositor y de un respetable guitarrista rítmico, en fin, de un músico bastante completo. No se que puede estar pasando por la cabeza de Cornell, pero eso de querer sonar como Maddona o como Justin Timberlake, la verdad no me hace ninguna gracia. Que carajo?, acaso no tenemos suficiente mierda sonando por ahí? Que vendrá luego? David Gilmour haciendo dúo con Beyoncé? No quiero sonar como un fanático llorón, pero hay límites para la locura, y la verdad que considero a Cornell un tipo serio. Por eso no me queda otra que aplicarle la frase. Porque no me creo lo que está haciendo. Solo espero que sea una fase, una locura temporal o algo así. De hecho, hace unos días me topé con un comentario de Trent Reznor (líder de Nail Inch Nails) refiriéndose al nuevo trabajo de Cornell: “¿Ustedes saben lo que se siente cuando alguien hace algo tan embarazoso que hace sentir a uno incómodo? ¿Escucharon el nuevo disco de Chris Cornell? Jesus…”. No me siento tan solo en el mundo.
domingo, 8 de marzo de 2009
Joyas que hay por ahi: Sentimiento Muerto
Un Agradable Calor
Una de las mejores canciones de Cayayo y de Sentimiento Muerto. Este video que consegui es una rareza. Sentimiento Muerto en el Aula Magna de la UCV. El video fue tomado del programa UCV: 024. Esta canción me recuerda enormemente a Caracas. Cada vez que la escucho me imagino caminar en la mañana por una acera cualquiera, con buen clima....un poco de frio tal vez.
sábado, 28 de febrero de 2009
Joyas que hay por ahi
Quiero comenzar a compartir con las personas que entran a este blog, algunas de las joyas que se encuentran en Internet (principalmente Youtube.com), Asi que sean bienvenidos a esta nueva sección.
Sietecueros
Esta es la gente de Sietecueros, agrupación venezolana de finales de los 70 que contaba entre sus filas a Yordano Di Marzo (vocal y guitarra) , Evio Di Marzo (bateria), Alberto Slezynger (teclados), Totoño Blanco (congas), Rafucho Figliuolo (bajo) , Alberto Borregales (percusuión) y Bartolomé Díaz en las guitarras. Posteriormente cambiará el lineup, pero estos son los músicos que participaron en la grabación del LP Rojo Sangre de 1978. No digo mas nada, escuchen que trabuco.
viernes, 27 de febrero de 2009
Kiss the Stone
Mucho antes que llegaran las pistolas, bang, bang, mucho antes que con ellas tengas consuelo, jejeje, es broma. Mucho antes del fenómeno del mp3, o por lo menos en el tiempo en que ésta era una tecnología para freakies e informáticos, y cuando la Internet aun no estaba masificada, circulaba en buena parte del planeta una extraña y maravillosa raza de discos “piratas”. Y digo en buena parte del planeta, porque hace poco me di cuenta que aun pueden encontrarse a través de la red en casi todas partes del mundo, desde Japón hasta Sudáfrica, y pasando claro está, por mi pequeño terruño latinoamericano.
Estos discos a los que hago referencia no son otros que los conciertos del sello KTS (Kiss the Stone Records). KTS era una extraña compañía que se dedicaba a grabar conciertos en todas partes del mundo y los emitía en forma de CD. El repertorio de KTS es inmenso, y casi toda banda o artista que haya triunfado en los 90´ debe estar en su catalogo (Se puede encontrar un listado bastante completo en la Internet). El asunto con KTS y sus extraños y maravillosos discos es que no eran conciertos oficiales. Era un sello independiente que vaya usted a saber cómo lograba filtrarse y grabar los conciertos. ¿Era una grabación pirata? Si. No estaba autorizada por el sello o la disquera del artista, pero extrañamente se comercializaba sin problemas en las discotiendas.
Es obvio que todo este rollo que estoy soltando me interesaba un cuerno en mi juventud. Cuando veía un disco de KTS inmediatamente saltaba para ver de que se trataba. Lamentablemente casi siempre era un artista que no me atraía, o no contaba con el suficiente dinero para comprarlo. Sin embargo, antes que la magia de KTS desapareciese logré hacerme con un ejemplar de Dressing Up For A Day Out un estupendo concierto que The Cure realizó en el Festival Glastonbury de 1995. Hasta el día de hoy soy la envidia de muchos de
mis amigos y conocidos, pues nadie o casi nadie sabe de donde saqué ese concierto. Suena genial y tiene un repertorio de canciones bastante curioso. Pero como dije en líneas atrás, la magia en un momento dado desapareció.
mis amigos y conocidos, pues nadie o casi nadie sabe de donde saqué ese concierto. Suena genial y tiene un repertorio de canciones bastante curioso. Pero como dije en líneas atrás, la magia en un momento dado desapareció.A los meses o años, ya la verdad no me acuerdo, un buen amigo se apareció con un concierto de Guns n´ Roses de KTS. Con su particular excitación (pues era un fan un tanto dramático del grupo) colocó el cd en mi equipo de sonido y nos dispusimos a disfrutar de aquello. (debo indicar que para conocer y respetar a toda banda o músico lo mejor es escucharlo en directo, porque ahí, en el escenario, es donde el verdadero talento se expone). No puedo describir la cara de ambos al empezar a escuchar la grabación. Éramos un par de Butch, el perro que siempre se enfrentaba a Droopy y que dejaba caer su mandíbula hasta el suelo ante cualquier genialidad del pequeño perro. Estábamos atónitos, mudos y con la quijada en el piso. Pasados unos minutos, y luego de haber constatado que todas las canciones eran iguales, no me quedó otra que lanzarme a reír. Sí. Me reía de la desgracia de mi amigo. Me reía y el se quedaba atónito mirándome y mirando la carátula del disco. Era una estafa, una mierda. No era un concierto de Guns and fuckin Roses, era un concierto de cientos y miles de japoneses gritando y ovacionando a Guns n´Roses. Se podía escuchar la conversación del idiota que sostenía la grabadora. Se podía escuchar la histeria de la chinita que tenía a su lado, se podían escuchar las letras de November Rain, pero cantadas por miles de fans y no por Axl Rose. En fin, un completo desastre que literalmente nos dejó sordos. KTS había dejado de ser en un minuto un gran hallazgo y se había convertido
en un peligro.
en un peligro. Que había pasado? Mientras mi disco de The Cure se escuchaba cojonudamente, el disco de mi amigo daban ganas de tirarlo al piso (lo que exactamente hizo). Era un defecto del disco? De la grabación? Quien podría saberlo. En definitiva, el misterio sobre KTS continuaba. ¿qué eran estos extraños discos? De vez en cuando aparecía algún conocido con una soberbia grabación de KTS, recuerdo en especial alguna de Nirvana y de Nine Inch Nails que sonoban estupendamente. Pero la experiencia de mi amigo me había hecho desconfiar, y ya no me interesaba demasiado gastarme mis pocos ahorros en una lotería musical. Sin embargo, el destino me aguardaba a la vuelta de la esquina, o de un par de años en todo caso.
Voy a advertirlo de antemano. Esta historia tiene doble intención. La primera, obviamente narrar mi experiencia (una bastante mala) con otro disco de KTS. Y la segunda, alertar a los hombres del mundo, prevenir en todo caso, otra lamentable calentura producto de ese particular ser llamado: novia.
Tratando de hacer memoria intuyo que el episodio data de 1997. Centro Comercial Vizcaya. Esperanto. Entro en la tienda en compañía de otro buen amigo. Ambos buscamos algo interesante que nos permita competir (siempre competíamos a ver quien encontraba el mejor disco del día). Nos fijamos casi simultáneamente en la misma sección, en la misma letra y en el mismo disco: Blow up the outside de Soundgarden, pero no el original de estudio, sino un concierto doble. WTF. Sólo un problema en el ambiente: KTS aparece en el lomo de la carátula. Automáticamente nos miramos y sin importar el terrible conocimiento que teníamos, nos pusimos a discutir quien lo había visto primero. De una u otra manera salí vencedor en la disputa, y no sin temor, me dirigí a la caja y desembolsillé una grosera cantidad de dinero por esta hermosa rareza.
Mi mente se ha ocupado de olvidar el terrible episodio. Pero para resumir, fue colocar el disco y recoger la baba, los dientes y toda mi mandíbula del piso. Creo que a partir de ese día comencé a sufrir de hemorroides. Todo se puso borroso, y el mundo, los libros a mi alrededor, y todo aquello que se encontraba en la habitación se vino abajo. Había soltado la pasta, la lana y el billete del siglo por un pedazo de mierda en stereo. Si el disco de mi amigo me había hecho reír, éste que era de mi propiedad, literalmente me enloqueció. Mi novia de aquel entonces, que se encontraba a mi lado, me consolaba con incoherencias y con sandeces de novia que no entiende la tragedia. Pero rápidamente me sobrepuse e ideé un plan. Retornaría a la tienda, indignado y tremendamente sorprendido de que una tienda con prestigio como Esperanto vendiese semejante mierda empaquetada. Eso. Si señor, era un plan perfecto. Apelaría al prestigio del comercio. Ingenuidad pura.
Mi novia de aquel entonces (esto para que no haya confusiones con la señora), se ofreció a llevarme hasta la tienda. Llegamos y nos dirigimos directamente al local. En mi mente repetía una y otra vez el discurso que convencería a la propia gente de KTS de devolverme el dinero. No se me escapaba detalle sobre la ética de las discotiendas, sobre la responsabilidad de divulgar música en buen estado, y una cantidad indecente de alegatos a mi favor. Fue entrar a la tienda y encarar al vendedor/dueño para lanzarle mi discurso, cuando la voz aguda de mi novia se coló entre las particulas del aire: “es que le regalaron el disco y no le gustó”. No me quedó otra cosa que hacer que cerrar los ojos. Apreté los dientes y miré al vendedor. Negaba con su cabeza y balbuceaba palabras que mis oídos no alcanzaban a escuchar. Yo estaba en shock, estaba totalmente cegado de ira y rabia. Mi plan se había ido al carajo.
No entraré en detalle de la gran pelea que esto acarreó, ni de cómo finalmente logré deshacerme del disco (unos meses después) y de la novia (también unos meses después). Sólo he de decir dos cosas para terminar. KTS desapareció a principios de del nuevo siglo. El negocio, del que me enteré hace poco en Internet, no pudo seguir por asuntos legales, y no tanto con las disqueras, sino con los propios artistas. KTS tenía sede en San Marino (el Estado más pequeño de Europa) y gracias a sus particulares leyes, podían evadir ciertas normas internacionales del negocio de la música. KTS editaba discos con el consentimiento de los artistas pero no de las disqueras. Los artistas recibían parte de las ganancias y KTS, funcionando cono un sello independiente, se quedaba con el resto. Pero por diversos motivos el asunto no continuó y la disquera cerró. La cuestión está en esto, todo aquel que posea un disco de KTS (y me refiero a las buenas grabaciones), tiene una pequeña joya en la mano, pues vaya usted a saber cuando se volverá a editar este material. Y en segundo lugar, y ya para terminar, por favor, señores, fellas, cuando tengan un plan maestro entre manos, así sea comprar el periódico del domingo, traten de no llevar a la señora, déjenla en casa, a gusto con el control de todo lo que realmente importa en el mundo.
jueves, 22 de enero de 2009
Shake it baby, shake it
He regresado de mis vacaciones. Tuve la suerte de viajar a Venezuela a visitar a mi familia y a mis amigos, y como no, de ir a alguno que otro juego de béisbol. También aproveché la oportunidad para recoger algunos libros y objetos que tenía esparcidos en mi antigua casa. Me llevé una grata sorpresa al encontrar por casualidad algunos de mis viejos discos. Y digo discos de verdad, de los de vinilo, grandes, rayados y llenos de polvo. Se asomaron piezas infantiles de Morella Muñoz y Serena Guayanesa, alguna extraña obra del grupo español Parchis, y por supuesto, un disco de Popy (“Como me pica la nariz” para ser mas exactos). Aparecieron mis primeros discos de Soda Stereo, de Desorden público, de The Police, y en el fondo del armario, casi escondidos, mis discos de The Beatles.
Los tomé con mucha ilusión. Tenía por lo menos diez años sin apreciar las fotografías que tanto deslumbramiento me hacían de pequeño. Dos discos que marcaron mi infancia, y que me han llevado a ser el melómano particular que soy: “Help” y “The Beatles at the Hollywood Bowl”. El primero correspondía a la versión estadounidense del disco que contenía algunas piezas instrumentales que aparecían en la película (Help! de 1965). Pero el segundo, ese es un disco fundamental en mi vida. The Beatles at the Hollywood Bowl fue el primer disco que compré en mi vida. No el que me compraron, sino el que yo mandé a comprar. Contaba con seis años y poco más de ocho bolívares.
La discotienda Galana, ubicada en Chacao al lado de la estación del metro, era el centro de acopio musical de la familia. Tengo otros cuentos de esta discotienda, pero ya será en otra oportunidad. No se cómo ni porque razón me empeciné en adquirir un disco de los Beatles. Supongo que la televisión (mi mejor amigo de infancia) tuvo algo que ver. El hecho es que fui con mi hermano mayor a la discotienda y elegí la portada que más me gustó.
La discotienda Galana, ubicada en Chacao al lado de la estación del metro, era el centro de acopio musical de la familia. Tengo otros cuentos de esta discotienda, pero ya será en otra oportunidad. No se cómo ni porque razón me empeciné en adquirir un disco de los Beatles. Supongo que la televisión (mi mejor amigo de infancia) tuvo algo que ver. El hecho es que fui con mi hermano mayor a la discotienda y elegí la portada que más me gustó.
The Beatles at the Hollywood Bowl resultó ser un disco en directo. Se podía escuchar desde el inicio los voceríos y gritos de las miles de chicas reunidas en el recinto. Sin embargo, desde los primeros acordes que surgieron, mi cabeza estalló. Twist and Shout sonaba y las chicas gritaban mas que Lennon entonando las cortas frases de la canción। Era simple, armónico y totalmente novedoso। Ya se que era una grabación de más de 20 años, pero para un niño de seis, representaba todo un mundo nuevo.
Todas las canciones que componen el disco eran rápidas y pegajosas: She's a Woman, Dizzy Miss Lizzy, Ticket to Ride, She Loves You,Can't Buy Me Love, Roll Over Beethoven, A Hard Day's Night, Help!, All My Loving y Long Tall Sally. Algunas, como Long Tall Sally o Roll Over Beethoven eran viejos éxitos de little Richard y Chuck Berry, pero el resto ya formaba parte del cancionero original de Lennon y McCarty.
A los seis años había descubierto oro, y por primera vez en mi vida, tuve esa sensación extraña que sólo la ofrecen los grandes artistas y las grandes obras musicales: el éxtasis de la alegría, de la euforia. No podía dejar de escuchar el disco, de mirarlo, y de recrearme con las fotografías que ofrecía en su interior. Pasaba horas figurándome como habría sido la vida de estos tipos. Sin youtube, sin Internet, sólo con mi imaginación.
Durante un tiempo, me limité a escuchar la música de los Beatles de su primera época. El resto de sus discos me parecían complicados, y algo extraños. Ni siquiera me convencían los extraños atuendos que vestían en sus portadas. No me convencía para nada su cambio radical. Las barbas y las melenas que comenzaron a aparecer en 1966-67 no me cuadraban con los simpáticos tipos que en muy poco tiempo me habían cautivado. Era feliz con sus primeras obras: Beatles for sale, Help!, A Hard Day's Night, e inclusive algo de Rubber Soul. Pero con el pasar de los años comprendí mejor su música. Comprendí el tremendo abismo que existía entre sus primeros discos y la etapa que se inicia con el disco Revolver y comprendí la trascendencia de los Beatles en el siglo XX, en la música, y en la cultura contemporánea.
Hace poco me topé con una página Web muy interesante, The Spanish Beatles Page, un portal perteneciente a Enrique Cabreras que contiene mucha e interesante información sobre el grupo de Liverpool. Es una delicia, e invito a cualquiera a que se tome un tiempo con alguno de los discos y lea. Tiene información de cada disco, de cada grabación y de cada canción que hará muy interesante la visita. Esta página ofrece la posibilidad de adentrarse en el cerebro y en el corazón de los músicos durante el proceso creativo. Me ha permitido hacer una reinterpretación de cada canción. Me ha permitido comprender con más profundidad la utilización de los instrumentos y de las técnicas revolucionarias que utilizaban los Beatles en sus obras. Simplemente acudan con un disco o con todos bajo el brazo y disfruten. Si ya son conocedores del trabajo de estos grandes señores, les aseguro que igual la van a pasar bien. Pero si aun permanecen tangentes a este caudal de genialidad que se gestó en la Inglaterra de los sesenta, saldrán a comprar algún disco, se los aseguro.
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