jueves, 4 de diciembre de 2008

Achtung, que ahí está la ballena, Baby


Soy un tanto maniático con mis discos. Bueno, reconozco que tengo alguno que otro amigo que me supera (gente que me enseño a oler el aroma de un disco nuevo, por ejemplo), pero en general, cualquiera podría considerar que soy un tanto quisquilloso a la hora de comprar. Me gusta disfrutar de un producto de calidad. Si ya tengo que pagar lo que cuestan hoy en día los discos originales, por lo menos que suene y se vea lo mejor posible (si, y que huela bien también). Soy un cazador de discos. Tengo la paciencia de un francotirador con su victima. Puedo esperar días, meses e inclusive años para lograr encontrar la pieza perfecta. U2 protagonizó mi primera fijación, mi primera ballena blanca. Y vaya que tenía un sonido propio.

Los discos, y sobre todo los compactos que se producían en Venezuela durante finales de los 80 y principios de los 90, tenían una pésima calidad. Y no me refiero al contenido (no es una crítica a la música), me refiero a la calidad de los materiales utilizados en la producción y comercialización de discos. Nunca presentaban el cancionero completo, la impresión del pequeño y escaso folleto era pésima, y para completar el asunto, y dejarlo en un saldo ridículo, la calidad del audio en muchas ocasiones se acercaba más a un zumbido con música, que al nítido y limpio timbre de la novedosa tecnología digital. Era indignante! No me jodas! Y encima no te permitían devolver el maldito disco. Nunca más, y lo digo con mucho pesar, nunca más volví a comprar un disco “hecho en Venezuela” (obviamente solo los de músicos venezolanos).

Todo este asunto viene a colación, pues hace poco en una discotienda de Madrid me encontré con un viejo amigo del pasado: un ejemplar de Achtung Baby de U2 “hecho en Venezuela”. No lo podía creer. ¿Cómo llegó semejante pieza a una tienda de discos usados de Europa? ¿Fue el destino? ¿O un cruel enemigo que se esconde en mis sombras? Este disco tiene su historia, por supuesto, mi historia.

En 1991 se edita Achtung Baby, tal vez el mejor trabajo de U2. En mi opinión, este disco representa el volcán musical, el big bang de un nuevo monstruo en la escena del rock y del pop mundial. Es la transición perfecta de la timidez irlandesa, a la desfachatez global. Con este disco muere el U2 que pide permiso para entrar en el mercado estadounidense y masivo. Muere la experimentación con el blues, muere la balada triste europea, muere el sonido básico y juvenil, muere la letra de protesta, muere de una vez por todas el Bono adolescente, el The Edge con cabello, bueno, hasta ahí, pues Larry y Adam la verdad que siguen iguales.
Si bien The Joshua Tree ha sido considerado como su obra maestra, creo que Achtung Baby es mucho más consistente. Es un disco que se lanza por todas, que no deja tregua ni espacios vacíos. Quiero decir, que no pareciese tener canciones de relleno. Todo el disco en coherente en sonido y líricas. A pesar de su alto nivel de comercialización, es un álbum para ser escuchado por completo, nada de singles. Es cierto que The Joshua Tree ha vendido alrededor de 28 millones de copias frente a unas 18 de Achtung Baby (lo que hace una balada como With Or Without You), pero definitivamente es éste último trabajo el que lleva a U2 a catapultarse como la banda más reconocida actualmente en el mundo.

El inicio de la década reflejaba muchos cambios. Y es evidente que este disco es la herramienta que encuentra U2 comunicarse con el público. Fenómenos como la caída del muro de Berlín y del bloque socialista, la guerra del golfo, o la consolidación de la Unión Europea (reflejada indirectamente en la mítica balada ONE), presentan un panorama de renovación. La banda, a pesar de contar con los mismos productores del trabajo anterior (Daniel Lanois y Brian Eno), se sube también al tren de los cambios. Todos asumen un look mucho más agresivo, llegando incluso a la creación de personajes (The Fly en el caso de Bono). Se despojan de la indumentaria habitual del chico progre irlandés, y asumen las ropas del super “Star” rocker. Pero no sólo es un cambio de apariencias. Es un cambio de estrategia comunicacional. Es una sátira, es una burla, y al mismo tiempo es una transformación al “Star System”. Todo en uno.

Mi cerebro estaba en plena fase de cambios para 1991-92. Si, era el teenager asesino del momento (dentro de unos parámetros nada extremos, que conste) que comenzaba a ver el mundo con ojos críticos. Que comenzaba a interesarse por lo ideológico, lo ecológico, lo musical, y que por otro lado seguía con las rutinas propias de todo adolescente: beber, buscar muchachitas, fumar, joder con los panas, beber, etc. Y como no podía ser de otro modo, es la radio la que me introduce Achtung Baby. Ya no recuerdo que vino primero, Who´s gonna ride your wild horses, The Fly, One, o Even Better than the real thing. La verdad no lo se. El bombardeo fue sumamente efectivo, y el tic de “tengo que tener ese disco” (frase que se ha repetido en mi vida tantas veces) se activaría peligrosamente.

Aquí empezaría mi peregrinación. ¿Que tienda de Caracas tiene la versión importada? En un país que lo importa todo, absolutamente todo, yo me encontraba por todos lados con el Achtung Baby descolorido, sin cancionero y con el sutil sonido de los pedos del ingeniero de sonido. Me recorrí toda discotienda conocida por mi en esa época (que eran muchas más de las que hoy existen lamentablemente) y nada. Creo haber pasado más de un año buscando el disco, ante la sorpresa de mis amigos. Me atormentaba escuchar en la radio o en casa de alguien, o en la televisión misma las canciones que ya poseían video. Soñaba con el riff raff introductorio de The Fly. Aluciné cuando vi en la cinemateca Until the End of the World de Win Wenders, y la banda sonora estaba encabezada por la canción homónima de U2. En fin, me la pasé mal por algo que puede parecer una idiotez para cualquiera. Pero, soy un tanto maniático con mis discos.

Finalmente logré dar con el apreciado objetivo en una discotienda del pasaje mediterráneo del Centro Plaza. Creo que ya me sabía el disco entero, pero al fin lo disfrutaría como debía ser. Ya para ese entonces, U2 estaba enrumbado de pleno en la gira Zoo Tv. La gira que transformó por completo los conciertos. Grandes escenarios, pantallas gigantes, decorados increíbles. Espectáculos de un espectáculo. U2 lo definió como un evento que pretendía la “sobrecarga sensorial de los espectadores. Atrás quedarían los recuerdos de los conciertos de Michael Jackson tocándose el paquete, que podrían ser los más vistosos de los 80. Zoo TV (que derivaría en The Outside Broadcast, Zooropa y Zoomerang) había llegado para cambiar la concepción de los conciertos de rock, y era respaldado musicalmente con esa fina pieza de la que he hablado hoy: Achtung Baby.

¿Que cómo llegó la edición de Achtung Baby “hecha en Venezuela” a la discotienda de Madrid?, vaya usted a saber. No debo ser el único maniático con sus discos, que se da paseos por las tiendas de discos usados para encontrar verdaderas joyas, y a veces, deshacerse de alguna que otra imitación. Pero eso podríamos hablarlo otro día.


jueves, 13 de noviembre de 2008

Tengo que tener Faith

Hace exactamente un mes fui el padrino de una boda. Fue mi primera vez. El asunto es que no fue una boda común. No. Definitivamente. Me encontraba yo en una de esas raras ocasiones en las que estás ante un hecho curioso, paradójico, poco común. Revolucionario. Progresista, reivindicador del nuevo ser humano. Me encontraba ante un hecho muy antiguo y muy novedoso a la vez. Traspasé las puertas del siglo XXI, y me dije al hacerlo: ¡Coño, como ha cambiado la humanidad en tan poco tiempo.! Era el padrino de una boda sin novia; con amigos, padres, jueces, y niños incluidos. Había hasta anillos. Pero no había vestido blanco. Era una boda Gay.

¿A cuenta de qué me permito comentar este episodio de mi vida en un blog dedicado a la música?. Bueno, realmente porque me da la gana. Sin embargo, el motivo principal es que durante la ceremonia del matrimonio civil de mis dos amigos, mi cabeza no dejó de repetir una y otra vez la melodía inicial de una canción muy especial para mi: Faith, de George Michael.

Ahí va, ya van a pensar que dos mas dos son cuatro, Boda Gay = George Michael no?. Bueno, si, pero no. Un argumento en defensa del sentido musical, es que la introducción de la canción es básicamente un órgano de iglesia. Y como me encontraba yo en un acto parecido a lo que usualmente (y por lo único que últimamente voy a una Iglesia) se suele realizar en estos recintos, supongo que fue inevitable la asociación. No obstante, admito que la asociación básica y primitiva tiene mayor fuerza y sentido en este artículo. Mi relación, comprensión y aceptación del mundo y del imaginario gay, están fuertemente ligados a la música y a la amistad que me une con uno de los protagonistas del susodicho evento.

Por allá en 1987, George Michael editó su primer larga duración como solista, Faith. Un disco que se aleja tremendamente de los éxitos y andanzas de Michael en su anterior y conocida etapa de Wham! (es que hasta el signo de exclamación es gay, jejeje). Faith es un album sólido y homogéneo, compuesto e interpretado casi en su totalidad por un George Michael que ya no sólo es cantante, sino que se deviene en músico. Si bien mantiene en alto una concepción pop y juvenil, trasciende lo facilón y comercial de la etapa de Wham!. Además, George Michael ya no se presenta con pequeños shorts y ropas ligeras, ahora tiene la imagen del tipo rudo por el que las niñas deliran. Es un cambio significativo en el artista.

Debo admitir que desde ese primer disco como solista, adoré la música de George Michael. Que mis prejuicios contra los gays estaban en su máxima etapa? si, es cierto, que adolescente venezolano no los tiene. “Pero ahora el tipo parece un machito”, “a lo mejor no es maricón después de todo” Esas, supongo que eran las frases que me auto recetaba para justificar como yo, un tipo “normal” escuchaba al Georgie sospechzón de mariposón. Con su segundo disco, Listen Without Prejudice, se afianzó en mis gustos. Michael no sólo seguía componiendo hits radiales, sino que demostraba bastante calidad en sus canciones. Temas como Mother's Pride o They Won't Go When I Go no sólo poseen una hermosa prosa, sino que son tremendamente poderosos en lo musical. Adicionalmente, la interpretación que realizó de Somebody to love en el concierto en homenaje a Freddy Mercury en Wimbley en 1991, dejando atónitos a los propios miembros de Queen, le hizo ganarse mis respetos como cantante. Así, mientras escuchaba los inicios del grunge por un lado, George Michael se mantenía en mi Walkman.

Con el paso del tiempo, y sin adentrarnos en los problemas legales que tuvo con su disquera, George Michael publicaría Older, un disco que combinaba muy bien las nuevas tendencias electrónicas y los instrumentos más clásicos. Un cambio de look más acorde con los tiempos y con la edad se hizo presente, y en fin, la evolución del artista seguía su curso. Sin embargo, en 1998, estalló el escándalo: oohhh, George Michael es sorprendido en un baño público por un policía en actos lascivos. George Michael se declara y sale del closet. Este mundo tan conservador, tan hipócrita del que somos parte se impresiona, se sorprende, y el propio Michael en una entrevista se rie del asunto: “como no se dieron cuenta con aquellos pequeños shorts que utilizaba en mi etapa con Wham!” jejeje, como no se dieron cuenta.... El asunto para mi ya estaba zanjado, que fuera lo que fuera ya me daba igual. Mi respeto musical lo tenía, y afortunadamente, con el pasar de los años, mi criterio para juzgar a las personas había dado un vuelco total. Eso que llaman madurez había hecho acto de presencia.

George Michael continuó su carrera. Con altibajos, como cualquiera, pero siguió siendo una estrella. Se burló un poco del mundo conservador, e inclusive, de su propia timidez e inocencia para salir del closet. Continuó haciendo discos, duetos y conciertos. Por razones de tiempo ya no lo escucho tanto, pero de vez en cuando, acudo a sus discos. Y ese día en la boda volvió a mi cabeza. No es acaso eso lo fundamental de la música: que hace acto de presencia cuando quieres y donde sea? cuando la necesitas?. Ese día, en el juzgado, George Michael me hizo reflexionar: “Estoy en una boda Gay, es la boda de uno de mis mejores amigos, uno que conozco desde hace 28 años y que resultó ser miembro de esta extraña raza. (Si, sigue siendo un misterio par mi, no lo voy a negar.) Sin embargo, acá estoy, de padrino, un otrora discriminador e intolerante que creció. ¡Coño, como ha cambiado la humanidad en tan poco tiempo.! ¡Como he cambiado yo!

La boda duró sólo 10 minutos, pero sirvió para llevarme a pensar estas líneas que comparto. Somos seres bastante curiosos, que tenemos la capacidad de cambiar y de mejorar algunas veces. Tanta lucha y tanto sufrimiento que han tenido que dar algunos en la vida, a veces tiene su recompensa. Algún día viviremos sin prejuicios, sin remordimientos y sin culpas, solo hay que seguir a George, es tal y como dice la canción: solo hay que tener fé (eso si, yo me quedo con la chica del video)

lunes, 20 de octubre de 2008

Tu mamá ya no te va a pegar



Hace poco me vi envuelto en una interesante discusión por Internet. La misma versaba del siguiente tema: Caramelos de Cianuro (uno de los herederos del mítico tiempo de Sentimiento Muerto, Zapato 3, y bla,bla, bla) se han vuelto totalmente comerciales. La mayoría de los que expresaban su opinión, y lo hacían en este sentido, aprovechaban el espacio de comentarios de youtube del video de Canción Suave (para mi su mejor canción) para declarar por muerto el espíritu rockero de Caramelos de Cianuro. Que ahora “solo hacen rock para pavitos”, que parecen “Caramelos de Cereza”, jajaja, ese tipo de comentarios. Hasta cierto punto estoy de acuerdo en esto. Ya no son los mismos que cantaban Tu mamá te va a pegar o que se atrevían a crear aquella genialidad de canción que se llamaba Chan chan chacachaca Chan Chan (por el sonido que hacía la guitarra en la intro y en casi todo el ritmo de la canción). Ya no son los mismos chamos que abrieron para Soda Stereo en el poliedro en 1992 o 93, y que tocaban canciones donde se burlaban a todo gañote de los “estúpidos que se aprendían el ultimo paso de moda” de la changa. Y es que señores, ya no pueden ser los mismos por una simple razón. Crecieron.


Todos evolucionamos (aunque algunos involucionan, pero ese es otro asunto). Nos volvemos más viejos, mas reflexivos, mas asustados, mas complicados, mas lentos, mas interesantes, mas acomplejados, menos audaces, menos resistentes al alcohol, menos flacos, menos menos, etc. Somos dinámicos gracias a dios. Y esto es exactamente lo que le ocurre a cualquier banda que se mantiene en el negocio de la música por muchos años. Los primeros dos discos de Caramelos de Cianuro, son equivalentes a la adolescencia. Están llenos de sexo, de audacia, de locura, de referencias a drogas, muerte, mujeres, etc. Son rápidos, torpes, pero geniales para descargar (en que concierto no se coloca El martillo para animar a la gente en Venezuela). Es un grupo que crece musicalmente, que aprende a tocar mejor, a producir mejor su trabajo. Si bien se pueden realizar muchas críticas a estos primeros trabajos, se reconoce a leguas el talento que tienen. Un talento que necesita de tiempo, practica, dinero, promoción, etc. Y eso es precisamente lo que llegaría con el disco Miss mujerzuela, un trabajo que podríamos considerar de transición, pues a pesar de que mejora mucho la producción musical (a cargo de Diego Marquez), mantiene en sus letras la crudeza de los primeros años.

Ya no hay Festín de la carne humana, o no volamos a través de la Galaxia, ahora tenemos baladas románticas como Las Estrellas o éxitos muy bien construidos como Verónica. Sin embargo, el sonido de Caramelos de Cianuro se afianzó. Es a partir de este trabajo cuando encontramos la identidad musical del grupo, pues a mi parecer, en lo primeros años aun se mantenían entre los Red hot chili picante culo e bachaco, y los Faith no More nacionales. ¿Que resulta bastante extraño cuando tu hermana mayor te pide prestado el último disco de los Caramelos?, es cierto. ¿Que tu sobrinita de apenas tres años está cantando el coro de La Flama: “...cavo mi propia tumba. Es la llama que quema por dentro y no me deja entrar...” puede ser bastante alucinante. Este puede ser el momento de pensar: Coño, aquí pasó algo raro, estos panas se comercializaron o se volvieron unos suavejorros! No, hermano, no. Es que tu tampoco tienes 15 años ya, es que simplemente decidieron dejar de cantar para el teeneger asesino que eras, y se ajustan a una realidad. Tienen otros intereses en la vida, han escuchado otra música, se han inspirado en una religión, que sé yo. Han crecido, tienen novias, hijos, cuentas por pagar, se cansaron de pelar bola y decidieron apostar por una disquera grande, por MTV, por salir en comerciales de PEPSI, etc.
Ahora bien, por x razón, ya no escucho a los Caramelos de Cianuro. Tengo los tres primeros discos, y a veces los pongo (a mucho volumen claro). Pero no me interesa su nueva etapa. No los sigo, no me intereso por ir a una discotienda y buscar su último trabajo. ¿Porque? Se comercializaron? Evolucionaron y no me gusta el resultado? Demasiado facilones? La verdad es que escribiendo este texto me ha surgido la duda. He cambiado yo? O en el fondo sigo esperando y apreciando lo que hacían en los primeros años.? Que cabrón soy!

viernes, 10 de octubre de 2008

53:53


En 1991 compré mi primer cd. Bueno, más que una compra fue un regalo de mi hermano (que trabajaba el pobre). El nuevo y flamante equipo de sonido que se acababa de comprar en mi casa, -un monstruo negro de abolengo japonés-, necesitaba y pedía a gritos ser iniciado en el sonido digital. ¿Qué diablos era eso del sonido digital? Estábamos acostumbrados a escuchar la música en vinilo, a 33 rpm. Con surcos, baches, y cierto sonido a polvo en stereo que muchos añoran en la actualidad. Alguno que otro amigo ya tenía un sistema de Compact Disc en su casa, por lo que no me era ajeno el espectacular sonido que proporcionaba. Sin embargo, aun era un misterio colectivo en los círculos de la desfavorecida clase media venezolana. Ni qué decir entre mis padres. El equipo en cuestión tenía doble casetera y un plato para discos normales (nos negábamos a perder los discos antiguos). Sonaba estupendamente, pero no teníamos ni un puñetereo cd para probar lo que realmente teníamos que probar: la magia digital. 
Así que con el desespero propio de un chico de quince años, supliqué y me arrastré desde el primer día para comprar algo que me permitiese abandonar de una vez por todas el redondo, obscuro y frágil mundo musical del siglo XX. Yo quería conocer a ese pequeño y plateado objeto llamado CD. La discotienda elegida, vaya a usted a saber porqué, se encontraba en el boulevard de Sabana Grande, justo al lado de la librería SUMA. Tan solo al entrar, me dirigí directamente a la sección de cds, sección rock internacional. Mi objetivo, mi único anhelo era encontrar Appetite for Destruction, el mejor disco de Guns and Roses. Guns and fucking! Roses.

No se puede describir la excitación de un joven de quince años con semejante pieza en las manos. El disco, ya mítico para ese entonces (pues había salido hacía 4 años) estaba aun en el ambiente. Era el momento, el apogeo de Guns and Roses a nivel mundial. Si bien ya habían salido los Use your Illusion, Appetite for Destruction era la esencia pura del grupo. La radio no paraba de colocar Don´t Cry o November Rain, pero estos ya eran éxitos de una mega banda con ínfulas de mega banda. Appetite era la agresividad, la sexualidad y la pobreza sintetizada. Eran tipos duros (aunque Axl mantenía cierta estética del Glam rock en los inicios, para muestra vean el video de Welcome to the jungle) que tocaban con fuerza y cruda energía rociada o espolvoreada de vicios.

Si en los Use your Illusion Axl se atrevía a fantasear con operas rock, en Appetite cantaban y hablaban de la cotidianidad del marginal, del drogadicto, de la prostituta o del inmigrante sureño que se muda a la gran ciudad. Las letras son mucho más directas, simples y llenas de energía. Apenas se puede encontrar una pausa en la balada que los catapultó a finales de los 80´ Sweet Child o´mine, pues el frenético ritmo de canciones como Nightrain o It´s so Easy marca definitivamente el rumbo del disco. Esto es un disco de dos guitarras, un bajo y una batería. Sin adornos, sin coristas y todavía sin la perversa fama que llegaría para desbordar los egos (sobre todo los de Axl). Era la formación original, los amigos que compartían todo y que todavía se divertían con una botella de Whiskey (o tal vez tres)
En mi entorno, entre algunos de mis amigos, es un disco que marcó nuestra adolescencia. No porque reprodujésemos lo que allí se expresa líricamente. Sino porque permitió canalizar la energía musical lejos del producto comercial que siempre te imponen. Mientras el puto Jerry Rivera mataba unicornios y se terminaba de morir el house, nosotros descubríamos a partir de este disco, que salvó al heavy en los 80, el rock. Se nos abrió el camino y la perspectiva, no solo para recorrer la escena del rock desde los 60, sino para aceptar la gloriosa década que estaba por llegar, los 90. 

Appetite for destruction fue colocado y grabado en mi flamante equipo de sonido hasta el cansancio (el de mis padres). Originó alguno que otro reclamo de los vecinos en horas bastante indecentes. Y capitalizó a mis oídos durante suficiente tiempo para iniciar lo que hoy podría considerar una pequeña pérdida de la audición (y no es broma, vean el título del blog). El disco fue tan pero tan machacado por este servidor y sus amigos, que aun hoy recuerdo exactamente su duración: 53 minutos, 53 segundos. Ah, y que quede como dato interesante, costó 1600 Bs (malditos ladrones lo de esa discotienda!).

El inicio del inicio

Estoy en una biblioteca de Barcelona, mi eterno lugar de trabajo. Soy investigador, trato de ser historiador. Y como ya estoy un tanto aburrido de leer a otros, inicio este blog. Esta es mi tonta excusa para comenzar a escribir. Para compartir con el universo salvaje de Internet, y para levantar más mi ego. 
Sean bienvenidos a un espacio de trivialidades musicales. Espero que disfruten tanto como yo en los ratos que dedico a leer la vida y las historias de otros seres de Internet. Este, en cierto modo, es un pequeño pedazo de mi vida; por lo menos el que está relacionado con la música. Todos tenemos nuestra banda sonora personal, y ahí va la mia.

Carlos Pernalete