lunes, 20 de octubre de 2008

Tu mamá ya no te va a pegar



Hace poco me vi envuelto en una interesante discusión por Internet. La misma versaba del siguiente tema: Caramelos de Cianuro (uno de los herederos del mítico tiempo de Sentimiento Muerto, Zapato 3, y bla,bla, bla) se han vuelto totalmente comerciales. La mayoría de los que expresaban su opinión, y lo hacían en este sentido, aprovechaban el espacio de comentarios de youtube del video de Canción Suave (para mi su mejor canción) para declarar por muerto el espíritu rockero de Caramelos de Cianuro. Que ahora “solo hacen rock para pavitos”, que parecen “Caramelos de Cereza”, jajaja, ese tipo de comentarios. Hasta cierto punto estoy de acuerdo en esto. Ya no son los mismos que cantaban Tu mamá te va a pegar o que se atrevían a crear aquella genialidad de canción que se llamaba Chan chan chacachaca Chan Chan (por el sonido que hacía la guitarra en la intro y en casi todo el ritmo de la canción). Ya no son los mismos chamos que abrieron para Soda Stereo en el poliedro en 1992 o 93, y que tocaban canciones donde se burlaban a todo gañote de los “estúpidos que se aprendían el ultimo paso de moda” de la changa. Y es que señores, ya no pueden ser los mismos por una simple razón. Crecieron.


Todos evolucionamos (aunque algunos involucionan, pero ese es otro asunto). Nos volvemos más viejos, mas reflexivos, mas asustados, mas complicados, mas lentos, mas interesantes, mas acomplejados, menos audaces, menos resistentes al alcohol, menos flacos, menos menos, etc. Somos dinámicos gracias a dios. Y esto es exactamente lo que le ocurre a cualquier banda que se mantiene en el negocio de la música por muchos años. Los primeros dos discos de Caramelos de Cianuro, son equivalentes a la adolescencia. Están llenos de sexo, de audacia, de locura, de referencias a drogas, muerte, mujeres, etc. Son rápidos, torpes, pero geniales para descargar (en que concierto no se coloca El martillo para animar a la gente en Venezuela). Es un grupo que crece musicalmente, que aprende a tocar mejor, a producir mejor su trabajo. Si bien se pueden realizar muchas críticas a estos primeros trabajos, se reconoce a leguas el talento que tienen. Un talento que necesita de tiempo, practica, dinero, promoción, etc. Y eso es precisamente lo que llegaría con el disco Miss mujerzuela, un trabajo que podríamos considerar de transición, pues a pesar de que mejora mucho la producción musical (a cargo de Diego Marquez), mantiene en sus letras la crudeza de los primeros años.

Ya no hay Festín de la carne humana, o no volamos a través de la Galaxia, ahora tenemos baladas románticas como Las Estrellas o éxitos muy bien construidos como Verónica. Sin embargo, el sonido de Caramelos de Cianuro se afianzó. Es a partir de este trabajo cuando encontramos la identidad musical del grupo, pues a mi parecer, en lo primeros años aun se mantenían entre los Red hot chili picante culo e bachaco, y los Faith no More nacionales. ¿Que resulta bastante extraño cuando tu hermana mayor te pide prestado el último disco de los Caramelos?, es cierto. ¿Que tu sobrinita de apenas tres años está cantando el coro de La Flama: “...cavo mi propia tumba. Es la llama que quema por dentro y no me deja entrar...” puede ser bastante alucinante. Este puede ser el momento de pensar: Coño, aquí pasó algo raro, estos panas se comercializaron o se volvieron unos suavejorros! No, hermano, no. Es que tu tampoco tienes 15 años ya, es que simplemente decidieron dejar de cantar para el teeneger asesino que eras, y se ajustan a una realidad. Tienen otros intereses en la vida, han escuchado otra música, se han inspirado en una religión, que sé yo. Han crecido, tienen novias, hijos, cuentas por pagar, se cansaron de pelar bola y decidieron apostar por una disquera grande, por MTV, por salir en comerciales de PEPSI, etc.
Ahora bien, por x razón, ya no escucho a los Caramelos de Cianuro. Tengo los tres primeros discos, y a veces los pongo (a mucho volumen claro). Pero no me interesa su nueva etapa. No los sigo, no me intereso por ir a una discotienda y buscar su último trabajo. ¿Porque? Se comercializaron? Evolucionaron y no me gusta el resultado? Demasiado facilones? La verdad es que escribiendo este texto me ha surgido la duda. He cambiado yo? O en el fondo sigo esperando y apreciando lo que hacían en los primeros años.? Que cabrón soy!

viernes, 10 de octubre de 2008

53:53


En 1991 compré mi primer cd. Bueno, más que una compra fue un regalo de mi hermano (que trabajaba el pobre). El nuevo y flamante equipo de sonido que se acababa de comprar en mi casa, -un monstruo negro de abolengo japonés-, necesitaba y pedía a gritos ser iniciado en el sonido digital. ¿Qué diablos era eso del sonido digital? Estábamos acostumbrados a escuchar la música en vinilo, a 33 rpm. Con surcos, baches, y cierto sonido a polvo en stereo que muchos añoran en la actualidad. Alguno que otro amigo ya tenía un sistema de Compact Disc en su casa, por lo que no me era ajeno el espectacular sonido que proporcionaba. Sin embargo, aun era un misterio colectivo en los círculos de la desfavorecida clase media venezolana. Ni qué decir entre mis padres. El equipo en cuestión tenía doble casetera y un plato para discos normales (nos negábamos a perder los discos antiguos). Sonaba estupendamente, pero no teníamos ni un puñetereo cd para probar lo que realmente teníamos que probar: la magia digital. 
Así que con el desespero propio de un chico de quince años, supliqué y me arrastré desde el primer día para comprar algo que me permitiese abandonar de una vez por todas el redondo, obscuro y frágil mundo musical del siglo XX. Yo quería conocer a ese pequeño y plateado objeto llamado CD. La discotienda elegida, vaya a usted a saber porqué, se encontraba en el boulevard de Sabana Grande, justo al lado de la librería SUMA. Tan solo al entrar, me dirigí directamente a la sección de cds, sección rock internacional. Mi objetivo, mi único anhelo era encontrar Appetite for Destruction, el mejor disco de Guns and Roses. Guns and fucking! Roses.

No se puede describir la excitación de un joven de quince años con semejante pieza en las manos. El disco, ya mítico para ese entonces (pues había salido hacía 4 años) estaba aun en el ambiente. Era el momento, el apogeo de Guns and Roses a nivel mundial. Si bien ya habían salido los Use your Illusion, Appetite for Destruction era la esencia pura del grupo. La radio no paraba de colocar Don´t Cry o November Rain, pero estos ya eran éxitos de una mega banda con ínfulas de mega banda. Appetite era la agresividad, la sexualidad y la pobreza sintetizada. Eran tipos duros (aunque Axl mantenía cierta estética del Glam rock en los inicios, para muestra vean el video de Welcome to the jungle) que tocaban con fuerza y cruda energía rociada o espolvoreada de vicios.

Si en los Use your Illusion Axl se atrevía a fantasear con operas rock, en Appetite cantaban y hablaban de la cotidianidad del marginal, del drogadicto, de la prostituta o del inmigrante sureño que se muda a la gran ciudad. Las letras son mucho más directas, simples y llenas de energía. Apenas se puede encontrar una pausa en la balada que los catapultó a finales de los 80´ Sweet Child o´mine, pues el frenético ritmo de canciones como Nightrain o It´s so Easy marca definitivamente el rumbo del disco. Esto es un disco de dos guitarras, un bajo y una batería. Sin adornos, sin coristas y todavía sin la perversa fama que llegaría para desbordar los egos (sobre todo los de Axl). Era la formación original, los amigos que compartían todo y que todavía se divertían con una botella de Whiskey (o tal vez tres)
En mi entorno, entre algunos de mis amigos, es un disco que marcó nuestra adolescencia. No porque reprodujésemos lo que allí se expresa líricamente. Sino porque permitió canalizar la energía musical lejos del producto comercial que siempre te imponen. Mientras el puto Jerry Rivera mataba unicornios y se terminaba de morir el house, nosotros descubríamos a partir de este disco, que salvó al heavy en los 80, el rock. Se nos abrió el camino y la perspectiva, no solo para recorrer la escena del rock desde los 60, sino para aceptar la gloriosa década que estaba por llegar, los 90. 

Appetite for destruction fue colocado y grabado en mi flamante equipo de sonido hasta el cansancio (el de mis padres). Originó alguno que otro reclamo de los vecinos en horas bastante indecentes. Y capitalizó a mis oídos durante suficiente tiempo para iniciar lo que hoy podría considerar una pequeña pérdida de la audición (y no es broma, vean el título del blog). El disco fue tan pero tan machacado por este servidor y sus amigos, que aun hoy recuerdo exactamente su duración: 53 minutos, 53 segundos. Ah, y que quede como dato interesante, costó 1600 Bs (malditos ladrones lo de esa discotienda!).

El inicio del inicio

Estoy en una biblioteca de Barcelona, mi eterno lugar de trabajo. Soy investigador, trato de ser historiador. Y como ya estoy un tanto aburrido de leer a otros, inicio este blog. Esta es mi tonta excusa para comenzar a escribir. Para compartir con el universo salvaje de Internet, y para levantar más mi ego. 
Sean bienvenidos a un espacio de trivialidades musicales. Espero que disfruten tanto como yo en los ratos que dedico a leer la vida y las historias de otros seres de Internet. Este, en cierto modo, es un pequeño pedazo de mi vida; por lo menos el que está relacionado con la música. Todos tenemos nuestra banda sonora personal, y ahí va la mia.

Carlos Pernalete