En 1996, cuando no teníamos los realities shows metidos por el culo y los unplugged estaban de moda, Soda Stereo lanzó Confort y Música para Volar, un concierto con su respectivo disco patrocinado por MTV (si, aquella cadena de televisión que transmitía videos sin parar y que hoy es de lo más espantoso que te puedes encontrar). La particularidad del concierto es que Soda Stereo decidió no seguir la tendencia de tocar desenchufados, optaron por ofrecer un repertorio de éxitos con nuevos arreglos con instrumentos eléctricos. En su momento, el concierto fue editado en formato de cd, aunque un tiraje limitado contenía material multimedia. En los años recientes (2007) salió al mercado una edición re-masterizada con algunos temas que no fueron incluidos en la primera edición. También cuenta con un DVD de todo el concierto, incluyendo material que no fue difundido por allá en los noventa. Aquí les dejo cuatro videos del concierto que se incluyen como material nuevo en el DVD: Cuando pase el temblor, Zoom, Terapia de amor intensiva y Génesis (cover del la vieja leyenda del rock argentino Vox Dei, y que contiene uno de los mejores solos de Cerati). Que disfruten. Fuerza Cerati!
Este es un espacio para hablar de música, cine, televisión, internet, algo de historia y de algunas de mis experiencias. Soy experto en trivialidades sin importancia y me gustan las historias inconclusas.
jueves, 31 de marzo de 2011
Manu Chao y los Chanantes
Las cosas hay que tomárselas con gracia. ¿Quien no ha pensado alguna vez que la sencillez de las canciones de Manu Chao como solista, rayan a veces en lo facilón? El celebrities que le dedicaron en Muchachada Nui reflejó estupendamente esta impresión. A mi me gusta la música de Manu Chao desde Mano negra, pero eso no impide descojonarme con el siguiente video.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Cecilia
Hola de nuevo. I´m back baby.
Hace unos meses, cuando aun vivía en un primer piso y tenía solo un bebé a quien querer (pues hoy son dos), experimenté en unos pocos instantes el confuso ciclo de la vida. Y no me refiero a la parte dulce del viaje, sino a la dura, a la que se relaciona habitualmente con la dama de la guadaña. No es para alarmarse. No es una historia seria. Es mas bien pequeña, mundana, si se le compara con otras experiencias de mayor calibre. Lo curioso es que por estúpido que parezca, el episodio se albergará siempre en mi memoria. Ahora entiendo a los policías y a los asesinos cuando hablan de su primera vez. Es duro matar.
El sábado, aquí en España o en Venezuela, es un día penoso en la televisión. Toda la mierda enlatada o de producción propia de los canales va a parar al sábado (incluso en el cable). Así que si no puedes salir por alguna razón, y tienes flojera de leer, la pasas muy mal frente al televisor. En eso me encontraba yo cuando la vi. Quisiera decir que fue amor, pero la verdad es que no. Sin que tuviese tiempo a reaccionar me cagué, me paralicé, me asusté, me espanté, me aterroricé, me horripilé, me espeluzné, me amedrenté, me amilané, me intimidé, y creo que por segunda vez me volví a cagar, todo eso en unos veinte segundos muy comprimidos. Era una rata. Una rata enorme, y no es por exagerar (¡era un conejo!), no. Era una señora rata de alcantarilla, una de esas que llaman Rattus norvegicus en los programas de la tele. 

Una de esas que no quieres ver nunca, y mucho menos a cinco metros de ti, campeando alegremente en el suelo de tu cocina. ¿Debo reafirmar que me paralicé? Muy a pesar del lector, creo que si, que es necesario hacerlo. Me paralicé y no pude articular palabra o sonido durante unos 20 segundos, tiempo de confusión mas que suficiente para sacar algunas cuentas: ¿y ahora que coño hago? No vale subirme al sofá pues ya estoy arriba del todo, no puedo gritar, no porque parezca femenino, sino porque realmente no puedo, y si llamo a mi mujer? Se forma un lío tremendo, peor diría yo, ¿le pagué al tipo del kiosko todas las revistas o me llevé sin querer la Rolling Stone?. No sabía que hacer. Pero involuntariamente me moví y eso al parecer, tuvo efecto en mi querida visitante, quien salió corriendo a escabullirse por los escondrijos de mi cocina (supongo que a estas alturas, de no haber fallecido, ella estaría escribiendo en su blog: “el tío alto se movió y yo me cagué, me paralicé, me asusté, me espanté, me aterroricé, me horripilé, me espeluzné, me amedrenté, me amilané, me intimidé....)
Sin perder de vista la puerta de la cocina, caminé en retroceso hacia mi habitación y le dije a mi esposa: ............(realmente no le dije nada, pero le puse una cara...). Ella comprendió que algo pasaba y al final se lo solté. Supongo que salió corriendo a la habitación del bebé o algo por el estilo, que quería dormir en un hotel esa noche, que se yo. El asunto es que al calmarnos comenzamos a evaluar que hacer. Y lo aclaro desde ya: si, soy un tipo grande, pasado de kilos y con cierta edad, pero un cobarde al fin y al cabo. No soy de campo, nunca toco a los perros o a los hamsters, lo mío eran los peces tropicales, las tortuguitas cuando mucho. Y para colmo de males alguna vez vi en televisión Ben, la rata asesina. No era yo el tipo adecuado para enfrentar la situación. Era tarde en la noche y no podíamos hacer nada ya. Decidimos cerrar la puerta de la cocina y tratar de solventar el problema en la mañana, si es que seguía ahí para entonces.
Y si seguía. Le coloqué un par de “sugar pops” como cebo, y la rata, como adjetivo en este caso, se los zampó sin compasión una vez abandoné la cocina. No había más por hacer que llamar a gente especializada. Pero era domingo y verano, que en este país de marchosos es como el 1 de enero de cualquier año. No encontraba a nadie de guardia, todos los técnicos estaban en “ruta” supuestamente trabajando, pero lo peor no fue eso. Lo verdaderamente dramático estaba en el tratamiento que las empresas exterminadoras te proponen para resolver el problema de las ratas: cebos con veneno por un monto de 150 a 250 euros, sin garantía de exterminio, venga ya!. La rata se mataba de la risa en la cocina, a sus anchas, entre el lavaplatos y la duda de ser el único roedor en toda esta situación. Rápidamente comprendí que tenía un grave problema y que debía ocuparme yo del asunto pues estaba completamente solo. Debo confesarlo, siempre esperé que al llamar a un exterminador de alimañas, se acercaría a mi puerta un tipo como Christopher Walken en su pa
pel de Caeser, the Exterminator en el film Mausehunt (Un ratoncito duro de cazar o algo así). Un tipo dispuesto a destruir tu casa para lograr su cometido. Pero obtuve todo lo contrario, exterminadores de escritorio, burócratas del veneno.
pel de Caeser, the Exterminator en el film Mausehunt (Un ratoncito duro de cazar o algo así). Un tipo dispuesto a destruir tu casa para lograr su cometido. Pero obtuve todo lo contrario, exterminadores de escritorio, burócratas del veneno. La situación me causaba una angustia inusual. Tenia a un bebé en casa y no podía utilizar la cocina para nada. Llamé a algunos amigos y les conté mi situación. Pero todos se reían del asunto. Finalmente, el menos cobarde de todos decidió ayudarme. Colocamos trampas y veneno para ratas. Las trampas, debo decir sin exageración, fueron utilizadas por la rata como máquinas de ejercicio. Y el veneno, como aderezo en el tocino que coloqué para atraerla. Estábamos burlados por un roedor, un digno adversario que se ganó con todo esto nuestro respeto y consideración. Los días empezaron a transcurrir y yo sin poder utilizar la cocina. Le terminé poniendo nombre a nuestro huésped, por aquello del cariño al enemigo. La llamé Cecilia. Me pareció un bonito nombre, representativo y con personalidad. A diario le cambiaba el menú y aumentaba las dosis de veneno. Pero Cecilia seguía comiendo gustosamente y campeándose a placer en los escondrijos de mi cocina. Ya hablamos de ella como una más de la familia, aunque en el fondo, sabíamos que debía morir. Esa sensación de simpatía y resignación ante lo inevitable, no se presenta muy a menudo. Había estado sacándole el cuerpo a la violencia por algunos días, esperando que la pimienta envenenada surtiera efecto, pero la situación ya ameritaba ponerse serios.
Todo el mundo me advertía acerca de la posibilidad de que Cecilia quisiera formar una familia en mi casa. Por aquello de las leyes de inquilinos y la protección a las familias, decidí actuar de inmediato. Cazamos a Cecilia con garrotes, cepillos, botellas y toda clase de artilugios de limpieza. Nos eludía con gran destreza, pero al cabo de unos interminables diez minutos, diez minutos que sacaron al peor asesino que ignoraba en mi, Cecilia respiró por última vez. Que experiencia tan desagradable. Ahora me causa gracia, pero en su momento fue asqueroso. Es duro matar.
Con el tiempo, aprendí a entrar nuevamente en la cocina sin mirar por todas partes. Retomamos la vida familiar y finalmente me mudé. Ahora vivo en un bajo (o planta baja). Todas las noches cierro las puertas del patio acojonado por el regreso de Cecilia, o en su defecto de su hijo vengador (como en Tiburón II o en Orca ¿hubo secuela?). Lo gracioso es que de vez en cuando si regresa a mi casa, pero sólo cuando escucho Enemigos íntimos de Fito Páez y Sabina, pero que quede claro que no le llamo rata a Cecilia Roth, solo que me encanta la canción.
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