Mucho antes que llegaran las pistolas, bang, bang, mucho antes que con ellas tengas consuelo, jejeje, es broma. Mucho antes del fenómeno del mp3, o por lo menos en el tiempo en que ésta era una tecnología para freakies e informáticos, y cuando la Internet aun no estaba masificada, circulaba en buena parte del planeta una extraña y maravillosa raza de discos “piratas”. Y digo en buena parte del planeta, porque hace poco me di cuenta que aun pueden encontrarse a través de la red en casi todas partes del mundo, desde Japón hasta Sudáfrica, y pasando claro está, por mi pequeño terruño latinoamericano.
Estos discos a los que hago referencia no son otros que los conciertos del sello KTS (Kiss the Stone Records). KTS era una extraña compañía que se dedicaba a grabar conciertos en todas partes del mundo y los emitía en forma de CD. El repertorio de KTS es inmenso, y casi toda banda o artista que haya triunfado en los 90´ debe estar en su catalogo (Se puede encontrar un listado bastante completo en la Internet). El asunto con KTS y sus extraños y maravillosos discos es que no eran conciertos oficiales. Era un sello independiente que vaya usted a saber cómo lograba filtrarse y grabar los conciertos. ¿Era una grabación pirata? Si. No estaba autorizada por el sello o la disquera del artista, pero extrañamente se comercializaba sin problemas en las discotiendas.
Es obvio que todo este rollo que estoy soltando me interesaba un cuerno en mi juventud. Cuando veía un disco de KTS inmediatamente saltaba para ver de que se trataba. Lamentablemente casi siempre era un artista que no me atraía, o no contaba con el suficiente dinero para comprarlo. Sin embargo, antes que la magia de KTS desapareciese logré hacerme con un ejemplar de Dressing Up For A Day Out un estupendo concierto que The Cure realizó en el Festival Glastonbury de 1995. Hasta el día de hoy soy la envidia de muchos de
mis amigos y conocidos, pues nadie o casi nadie sabe de donde saqué ese concierto. Suena genial y tiene un repertorio de canciones bastante curioso. Pero como dije en líneas atrás, la magia en un momento dado desapareció.
mis amigos y conocidos, pues nadie o casi nadie sabe de donde saqué ese concierto. Suena genial y tiene un repertorio de canciones bastante curioso. Pero como dije en líneas atrás, la magia en un momento dado desapareció.A los meses o años, ya la verdad no me acuerdo, un buen amigo se apareció con un concierto de Guns n´ Roses de KTS. Con su particular excitación (pues era un fan un tanto dramático del grupo) colocó el cd en mi equipo de sonido y nos dispusimos a disfrutar de aquello. (debo indicar que para conocer y respetar a toda banda o músico lo mejor es escucharlo en directo, porque ahí, en el escenario, es donde el verdadero talento se expone). No puedo describir la cara de ambos al empezar a escuchar la grabación. Éramos un par de Butch, el perro que siempre se enfrentaba a Droopy y que dejaba caer su mandíbula hasta el suelo ante cualquier genialidad del pequeño perro. Estábamos atónitos, mudos y con la quijada en el piso. Pasados unos minutos, y luego de haber constatado que todas las canciones eran iguales, no me quedó otra que lanzarme a reír. Sí. Me reía de la desgracia de mi amigo. Me reía y el se quedaba atónito mirándome y mirando la carátula del disco. Era una estafa, una mierda. No era un concierto de Guns and fuckin Roses, era un concierto de cientos y miles de japoneses gritando y ovacionando a Guns n´Roses. Se podía escuchar la conversación del idiota que sostenía la grabadora. Se podía escuchar la histeria de la chinita que tenía a su lado, se podían escuchar las letras de November Rain, pero cantadas por miles de fans y no por Axl Rose. En fin, un completo desastre que literalmente nos dejó sordos. KTS había dejado de ser en un minuto un gran hallazgo y se había convertido
en un peligro.
en un peligro. Que había pasado? Mientras mi disco de The Cure se escuchaba cojonudamente, el disco de mi amigo daban ganas de tirarlo al piso (lo que exactamente hizo). Era un defecto del disco? De la grabación? Quien podría saberlo. En definitiva, el misterio sobre KTS continuaba. ¿qué eran estos extraños discos? De vez en cuando aparecía algún conocido con una soberbia grabación de KTS, recuerdo en especial alguna de Nirvana y de Nine Inch Nails que sonoban estupendamente. Pero la experiencia de mi amigo me había hecho desconfiar, y ya no me interesaba demasiado gastarme mis pocos ahorros en una lotería musical. Sin embargo, el destino me aguardaba a la vuelta de la esquina, o de un par de años en todo caso.
Voy a advertirlo de antemano. Esta historia tiene doble intención. La primera, obviamente narrar mi experiencia (una bastante mala) con otro disco de KTS. Y la segunda, alertar a los hombres del mundo, prevenir en todo caso, otra lamentable calentura producto de ese particular ser llamado: novia.
Tratando de hacer memoria intuyo que el episodio data de 1997. Centro Comercial Vizcaya. Esperanto. Entro en la tienda en compañía de otro buen amigo. Ambos buscamos algo interesante que nos permita competir (siempre competíamos a ver quien encontraba el mejor disco del día). Nos fijamos casi simultáneamente en la misma sección, en la misma letra y en el mismo disco: Blow up the outside de Soundgarden, pero no el original de estudio, sino un concierto doble. WTF. Sólo un problema en el ambiente: KTS aparece en el lomo de la carátula. Automáticamente nos miramos y sin importar el terrible conocimiento que teníamos, nos pusimos a discutir quien lo había visto primero. De una u otra manera salí vencedor en la disputa, y no sin temor, me dirigí a la caja y desembolsillé una grosera cantidad de dinero por esta hermosa rareza.
Mi mente se ha ocupado de olvidar el terrible episodio. Pero para resumir, fue colocar el disco y recoger la baba, los dientes y toda mi mandíbula del piso. Creo que a partir de ese día comencé a sufrir de hemorroides. Todo se puso borroso, y el mundo, los libros a mi alrededor, y todo aquello que se encontraba en la habitación se vino abajo. Había soltado la pasta, la lana y el billete del siglo por un pedazo de mierda en stereo. Si el disco de mi amigo me había hecho reír, éste que era de mi propiedad, literalmente me enloqueció. Mi novia de aquel entonces, que se encontraba a mi lado, me consolaba con incoherencias y con sandeces de novia que no entiende la tragedia. Pero rápidamente me sobrepuse e ideé un plan. Retornaría a la tienda, indignado y tremendamente sorprendido de que una tienda con prestigio como Esperanto vendiese semejante mierda empaquetada. Eso. Si señor, era un plan perfecto. Apelaría al prestigio del comercio. Ingenuidad pura.
Mi novia de aquel entonces (esto para que no haya confusiones con la señora), se ofreció a llevarme hasta la tienda. Llegamos y nos dirigimos directamente al local. En mi mente repetía una y otra vez el discurso que convencería a la propia gente de KTS de devolverme el dinero. No se me escapaba detalle sobre la ética de las discotiendas, sobre la responsabilidad de divulgar música en buen estado, y una cantidad indecente de alegatos a mi favor. Fue entrar a la tienda y encarar al vendedor/dueño para lanzarle mi discurso, cuando la voz aguda de mi novia se coló entre las particulas del aire: “es que le regalaron el disco y no le gustó”. No me quedó otra cosa que hacer que cerrar los ojos. Apreté los dientes y miré al vendedor. Negaba con su cabeza y balbuceaba palabras que mis oídos no alcanzaban a escuchar. Yo estaba en shock, estaba totalmente cegado de ira y rabia. Mi plan se había ido al carajo.
No entraré en detalle de la gran pelea que esto acarreó, ni de cómo finalmente logré deshacerme del disco (unos meses después) y de la novia (también unos meses después). Sólo he de decir dos cosas para terminar. KTS desapareció a principios de del nuevo siglo. El negocio, del que me enteré hace poco en Internet, no pudo seguir por asuntos legales, y no tanto con las disqueras, sino con los propios artistas. KTS tenía sede en San Marino (el Estado más pequeño de Europa) y gracias a sus particulares leyes, podían evadir ciertas normas internacionales del negocio de la música. KTS editaba discos con el consentimiento de los artistas pero no de las disqueras. Los artistas recibían parte de las ganancias y KTS, funcionando cono un sello independiente, se quedaba con el resto. Pero por diversos motivos el asunto no continuó y la disquera cerró. La cuestión está en esto, todo aquel que posea un disco de KTS (y me refiero a las buenas grabaciones), tiene una pequeña joya en la mano, pues vaya usted a saber cuando se volverá a editar este material. Y en segundo lugar, y ya para terminar, por favor, señores, fellas, cuando tengan un plan maestro entre manos, así sea comprar el periódico del domingo, traten de no llevar a la señora, déjenla en casa, a gusto con el control de todo lo que realmente importa en el mundo.
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