Bueno, se pueden decir muchas cosas sobre este material. Pero me quedo con una frase que escuché por ahí: es de colección. Una banda que comenzaba y trabajaba literalmente con las uñas, a pesar de que buena parte de sus integrantes pertenencian a la clase media acomodada de Venezuela. Eran tan jóvenes que se no sólo se les ve el acné, sino el impetu de quien quiere pero todavía no sabe. Culebrón pertenece a su primer disco, El amor ya no existe, que terminaría siendo producido nada mas y nada menos que por el señor Fito Páez. El video no tiene calidad alguna, pues es prácticamente una joda hecha con equipo amateur, pero sirve para recordar a esta mítica banda venezolana y también para reirse un poco.
Este es un espacio para hablar de música, cine, televisión, internet, algo de historia y de algunas de mis experiencias. Soy experto en trivialidades sin importancia y me gustan las historias inconclusas.
lunes, 27 de febrero de 2012
viernes, 24 de febrero de 2012
COMO NOS HA CAMBIADO LA VIDA ESTA COSA LLAMADA INTERNET
Que frase. Es equiparable a “cómo nos ha cambiado la vida esa cosa llamada electricidad”, o “ese objeto llamado teléfono”. Incluso, salvando las distancias, ese pequeño gran salto que fue la “imprenta”. Creo que a pesar de pertenecer a una generación que vivió sin internet durante buena parte de su vida, hoy, se me hace bastante difícil vivir sin teclear tonterías en google. Claro que siempre hay que tener cuidado, porque internet también es una gran trampa. Hay mucho tarado escribiendo por ahí, subiendo información de dudosa calidad o seriedad. Mucha publicidad (que ya comienza a tocar los cojones) y alguna que otra treta para engañarte de verdad (claves, tarjetas, etc). No es territorio de inocencias, pero si de una capacidad casi ilimitada. En buenas manos, es sencillamente abrumador el poder de internet. ¿Se han dado cuenta que así como pagamos por servicios como luz, agua o gas y los consideramos “básicos”, internet se ha ganado su lugar en este renglón? Ya ni siquiera tengo que salir a la calle para pagar la luz, el agua o el gas gracias a internet. Algunos ya no tienen que salir de casa para ir al trabajo. Y el otro día, de manera sosegada, con una taza de café humeante a mi lado, me percaté de que ni siquiera tenía que comprar una máquina del tiempo para viajar hacia el pasado. Sentado en frente del ordenador, pude contemplar casi a placer, una cantidad inquietante de momentos que, en un tiempo no muy remoto, habrían sido solo imágenes recreadas o compuestas única y exclusivamente por mi cerebro. Me explico.
En el último mes me zampé de sopetón un par de autobiografías, Inside Out: A Personal History of Pink Floyd correspondiente a Nick Mason, baterista del grupo, y It´s so Easy del bajita de Guns And Roses, Duff Mckagan. Ambas de muy buen leer y sobre todo la de Mckagan, que tiene un ritmo de narración muy acertado con su increíble y accidentada vida. El hecho es que leyendo cada una de estas obras me percaté de que hoy en día puedes recurrir a internet, y sobre todo al canal de videos youtube, para recrear un montón de episodios y momentos musicales (conciertos y pequeños recitales) que en el pasado hubiese sido casi imposible observar. Es un verdadero placer leer pasajes de cada libro y caminar hasta el teclado para ver casi al instante el concierto que quieras. Del año, el día y el lugar que quieras. Mientras exista un alma en el mundo que se haya encargado de grabar y subir las imágenes (y hay millones de almas que saben compartir), está garantizado que podremos presenciar espectáculos que difícilmente podríamos haber visto. No es un viaje al pasado en cuerpo, pero por lo menos para mi, si en alma. ¿Cambia o no esto nuestra forma de adquirir conocimiento y de disfrutar de ciertas cosas de la vida? Nos permite tener un acercamiento distinto y en ocasiones mayor a cualquier cosa. En resumidas cuentas, nos permite disfrutar más. Y eso es lo verdaderamente importante. Hagan la prueba. Tecleen lo que quieran, y a ver que pasa.
Les dejo tres ejemplos de esto.
Uno, narrado brevemente por Mason en su libro. La reciente colaboración entre David Gilmour y Roger Waters que marca, de alguna manera su reconciliación.
En el último mes me zampé de sopetón un par de autobiografías, Inside Out: A Personal History of Pink Floyd correspondiente a Nick Mason, baterista del grupo, y It´s so Easy del bajita de Guns And Roses, Duff Mckagan. Ambas de muy buen leer y sobre todo la de Mckagan, que tiene un ritmo de narración muy acertado con su increíble y accidentada vida. El hecho es que leyendo cada una de estas obras me percaté de que hoy en día puedes recurrir a internet, y sobre todo al canal de videos youtube, para recrear un montón de episodios y momentos musicales (conciertos y pequeños recitales) que en el pasado hubiese sido casi imposible observar. Es un verdadero placer leer pasajes de cada libro y caminar hasta el teclado para ver casi al instante el concierto que quieras. Del año, el día y el lugar que quieras. Mientras exista un alma en el mundo que se haya encargado de grabar y subir las imágenes (y hay millones de almas que saben compartir), está garantizado que podremos presenciar espectáculos que difícilmente podríamos haber visto. No es un viaje al pasado en cuerpo, pero por lo menos para mi, si en alma. ¿Cambia o no esto nuestra forma de adquirir conocimiento y de disfrutar de ciertas cosas de la vida? Nos permite tener un acercamiento distinto y en ocasiones mayor a cualquier cosa. En resumidas cuentas, nos permite disfrutar más. Y eso es lo verdaderamente importante. Hagan la prueba. Tecleen lo que quieran, y a ver que pasa.
Les dejo tres ejemplos de esto.
Uno, narrado brevemente por Mason en su libro. La reciente colaboración entre David Gilmour y Roger Waters que marca, de alguna manera su reconciliación.
Y otros dos que me sorprendieron gratamente. El primero es un video bastante antiguo de Guns And Roses. Imágenes verdaderamente raras del último concierto con la formación original (interpretando un tempranero cover de Little Feat, Down on the Farm).
Y el último, un temazo en colaboración del propio Duff Mckagan con Janes´s Adiction que reseña ligeramente en su libro. Ah, y se me olvidaba. Mientras el libro de Mason lo compré a la antigua, en la librería, el de Mckagan lo obtuve desde casa, sin moverme de la silla y en formato digital. Enjoy.
Etiquetas:
David Gilmour,
Duff Mckagan,
Internet,
It´s so easy,
Jane´s Adiction,
Maquina del tiempo,
Nick Mason,
Pink Floyd,
Roger Waters
10 cosas que cambian en tu vida cuando te haces padre y hacen que tus amigos te miren de forma extraña
Este es un ranking que podría ser más largo, infinito tal vez, pues a diario se te ocurren ideas y situaciones para agregar. Pero acá están algunas de esas cosas que por un tiempo, y en diversas circunstancias, te hacen sentir distinto a los amigos que permanecen solteros o sencillamente sin hijos a quien criar.
1. Estás al tanto de lo último en dibujos animados. Sabes como se llaman los Teletubbies y cuanto bicho de colores hay en la pantalla. Sin embargo, ya no puedes ver lo que quieras en la televisión de tu propia casa. Ni siquiera en el ordenador. Eres un inquilino con derecho a mirar dibujos animados.
2. Ya no aguantas una noche de farra. No sólo porque tres cervezas te hacen cuestionarte tu hombría, sino que a eso de las 12, estás mirando el reloj porque sabes que debes levantarte temprano para ir al cole.
3. Vuelves a hacer manualidades y a utilizar tijeras punta roma, pegamento y lo mejor de todo, purpurina (polvo de escarcha).
4. Eres capaz de hacer cosas impensables con ciertas materias orgánicas de tus niños. Vamos, tocar la mierda.
5. Además de llorar con cualquier película donde se vea sufrir a un niño (incluyendo pequeños animales), llegas a pasar años, literalmente, sin ir al cine en horarios habituales. Ahora eres el rey de la sesión vespertina.
6. Ingresas, sin saberlo, a una especie de club mundial de solidaridad entre padres. No sólo levantas el puño como acto de apoyo ante un padre que sufre un berrinche o una escenita en la calle, sino que comienzas a entender y justificar las acciones que antes reprochabas a tus padres.
7. Se acabó la vagancia. Aprecias de manera exagerada el tiempo para dormir, para ducharte e incluso para ir al baño. Si, incluso para ir al baño.
8. Te olvidas de cuidar aquel objeto tan apreciado de tu casa. ¿El televisor pantalla plana? ¿El computador? ¿Aquel jarrón tan bonito? ¿Mis libros? “Eso no importa para nada, lo verdaderamente importante es el disfrute del niño” Snif - Snif
9. Ya no abordas chicas en la calle. Ahora le hablas a señoras en los supermercados preguntando por marcas de pañales, sopas y cremas para la piel. Pobre diablo.
10. Te da por comenzar a hablar sobre el verdadero sentido de la vida (pero no igual que los Monty Python). Y ante las repuestas de tus amigos, que en tu petulancia consideras triviales, le lanzas miradas condescendientes en plan “ya me entenderás” o “tu no me entiendes” o “esto es jodido, pero te hace feliz”.
1. Estás al tanto de lo último en dibujos animados. Sabes como se llaman los Teletubbies y cuanto bicho de colores hay en la pantalla. Sin embargo, ya no puedes ver lo que quieras en la televisión de tu propia casa. Ni siquiera en el ordenador. Eres un inquilino con derecho a mirar dibujos animados.
2. Ya no aguantas una noche de farra. No sólo porque tres cervezas te hacen cuestionarte tu hombría, sino que a eso de las 12, estás mirando el reloj porque sabes que debes levantarte temprano para ir al cole.
3. Vuelves a hacer manualidades y a utilizar tijeras punta roma, pegamento y lo mejor de todo, purpurina (polvo de escarcha).
4. Eres capaz de hacer cosas impensables con ciertas materias orgánicas de tus niños. Vamos, tocar la mierda.
5. Además de llorar con cualquier película donde se vea sufrir a un niño (incluyendo pequeños animales), llegas a pasar años, literalmente, sin ir al cine en horarios habituales. Ahora eres el rey de la sesión vespertina.
6. Ingresas, sin saberlo, a una especie de club mundial de solidaridad entre padres. No sólo levantas el puño como acto de apoyo ante un padre que sufre un berrinche o una escenita en la calle, sino que comienzas a entender y justificar las acciones que antes reprochabas a tus padres.
7. Se acabó la vagancia. Aprecias de manera exagerada el tiempo para dormir, para ducharte e incluso para ir al baño. Si, incluso para ir al baño.
8. Te olvidas de cuidar aquel objeto tan apreciado de tu casa. ¿El televisor pantalla plana? ¿El computador? ¿Aquel jarrón tan bonito? ¿Mis libros? “Eso no importa para nada, lo verdaderamente importante es el disfrute del niño” Snif - Snif
9. Ya no abordas chicas en la calle. Ahora le hablas a señoras en los supermercados preguntando por marcas de pañales, sopas y cremas para la piel. Pobre diablo.
10. Te da por comenzar a hablar sobre el verdadero sentido de la vida (pero no igual que los Monty Python). Y ante las repuestas de tus amigos, que en tu petulancia consideras triviales, le lanzas miradas condescendientes en plan “ya me entenderás” o “tu no me entiendes” o “esto es jodido, pero te hace feliz”.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)