Siento una gran envidia al ver a mi hijo disfrutar de la escuela. No, mentira. Odiaba la escuela y creo que una de mis mayores pesadillas sería regresar a ese infierno. Una cárcel para niños, ni mas ni menos. Un trámite impuesto que nunca tuvo sentido mientras estuve en ella. Aunque no me fue mal, por algún motivo jamás estuve cómodo. Era el niño más feliz del mundo mientras me pudiese quedar en casa. Arropado y viendo programas para señoras y amas de casa (no existían las cadenas para niños). No me importaba perderme el recreo en el patio o estar con los amigos. Liberarme de aquella responsabilidad, así tuviese que volver el día siguiente un tanto perdido, era lo más satisfactorio a los 8 o 10 años.
Sin embargo, a veces pasaban cosas interesantes. Nos llevaban de paseo (creo que salimos una vez en 6 años y me lo perdí porque ese día no fui a clases). Nos proyectaban películas (casi todas estrenos: Mary Popins, Herbie, si, el Volkswagen escarabajo, y alguna otra joya de Disney como Dumbo o ese monumento al culebrón infantil llamado Bambi). Y en ocasiones, alguien se liaba a golpes. Mientras no fuese yo, era interesante. Lo mejor que vi en mi vida, hasta ese momento, fue un derechazo que le propinó un alumno a un profesor que intentaba utilizar la psicología para apaciguar el carácter del pequeño demonio. El profesor, presa de la impotencia para controlar al niño, le retó como último recurso a golpearle en la cara, y el niño, que para nosotros era como un jefe apache de dos metros, literalmente lo conectó. ¿Quién apagó las luces? Todos, en un movimiento jamás visto de sincronización abrimos la boca y exclamamos al unísono ¡!WOOOOAAAOOOO!!. Había un nuevo gallo en el corral.
La expulsión enfrió un poco las cosas y todo volvió a la normalidad. Dejamos de soñar en pegarle a la autoridad y volvimos a la vieja rutina de arrearnos entre nosotros. “Nos vemos a la salida” era la frase clave en esos tiempos. Aquello disparaba la adrenalina, el sudor y el miedo. Claro que todo era una farsa, al final se convertía en un pequeño jaleo en el que gastabas más energía aupando a los luchadores, que ellos en darse una zurra. Tal cual como el video de Michael Jackson, Beat It, donde parece que los tipos mas duros del barrio se van a enfrentar en un pelea mortal a cuchillo, pero terminan tocándose el paquete en una coreografía perfecta junto a un negrito afeminado de nariz perfilada que todavía parecía de este planeta.
Sin embargo, a veces pasaban cosas interesantes. Nos llevaban de paseo (creo que salimos una vez en 6 años y me lo perdí porque ese día no fui a clases). Nos proyectaban películas (casi todas estrenos: Mary Popins, Herbie, si, el Volkswagen escarabajo, y alguna otra joya de Disney como Dumbo o ese monumento al culebrón infantil llamado Bambi). Y en ocasiones, alguien se liaba a golpes. Mientras no fuese yo, era interesante. Lo mejor que vi en mi vida, hasta ese momento, fue un derechazo que le propinó un alumno a un profesor que intentaba utilizar la psicología para apaciguar el carácter del pequeño demonio. El profesor, presa de la impotencia para controlar al niño, le retó como último recurso a golpearle en la cara, y el niño, que para nosotros era como un jefe apache de dos metros, literalmente lo conectó. ¿Quién apagó las luces? Todos, en un movimiento jamás visto de sincronización abrimos la boca y exclamamos al unísono ¡!WOOOOAAAOOOO!!. Había un nuevo gallo en el corral.
La expulsión enfrió un poco las cosas y todo volvió a la normalidad. Dejamos de soñar en pegarle a la autoridad y volvimos a la vieja rutina de arrearnos entre nosotros. “Nos vemos a la salida” era la frase clave en esos tiempos. Aquello disparaba la adrenalina, el sudor y el miedo. Claro que todo era una farsa, al final se convertía en un pequeño jaleo en el que gastabas más energía aupando a los luchadores, que ellos en darse una zurra. Tal cual como el video de Michael Jackson, Beat It, donde parece que los tipos mas duros del barrio se van a enfrentar en un pelea mortal a cuchillo, pero terminan tocándose el paquete en una coreografía perfecta junto a un negrito afeminado de nariz perfilada que todavía parecía de este planeta.
Pero si de ejemplos va la cosa, tengo que mencionar todo un icono de la época del Break Dance. ¿Pueden recordar la película de 1984, Breakin? Donde personajes con nombres tan pintorescos como Ozono y Turbo tenían batallas de baile en las calles de Los Angeles? Recuerdo haber ido a ver esa película con mis amigos y salir con mal sabor de boca al haber visto una película de baile. Nos prometían bandas, acción y break-dance, pero terminamos asistiendo a una audición de Fame. Con cosas tan propias de los 80´ como los calentadores, pendientes con forma de cruz, sombreros y aquella extraña vertiente de baile llamada Jazz, que para el mayor de los colmos terminan fusionando con el Break (al tratar de mezclar razas y culturas como argumento secundario del film) . Todavía a día de hoy me parto de risa e imito con algunos amigos las poses y las miradas que estos tipos se lanzaban unos a otros en los desafíos. Parecía que se iban a matar o en el peor de los casos a besar, pero al final todos terminaban bailando ese extraño ritmo que terminaría derivando, después de algunos años, en el actual Hip Hop. Breakin es el inicio de una larga tradición de burlas y parodias tanto del cine como de la televisión. Cualquier desafío en un pista de baile hace referencia a esta película. A pesar de esto, cuenta con una banda sonora muy interesante, donde pueden escucharse joyas de la época que van desde Kraftwerk a Chaka Khan. Y quiero pensar que para aquellos a los que les gustaba el baile, debió ser una gran influencia. Pues recuerdo que entusiasmó a muchísima gente y generó toda clase de fiebres por el baile.
Al poco tiempo de ver esta película, se presentó una extraña situación en mi colegio. Los rumores de pasillo anunciaban una pelea entre dos cursos, el mío y el de la puerta contigua. Impresionado por la noticia, pregunté que cuál era la razón para el enfrentamiento, pues no había pasado absolutamente nada que nos llevase a una situación así. No hubo respuestas claras. “Que si la novia de fulano, que si se metió con aquel”, tonterías que no explicaban nada. Pero era seguro que al salir de clases, nos veríamos en las obras del metro detrás de la escuela. El día transcurrió y yo no podía sacarme de la cabeza aquello. Me iban a partir la cara y no sabría nunca porque. Le preguntaba a mis otros compañeros y a la mayoría no parecía importarle. Supuse que era yo entonces del bando de los cobardes, porque a mi si que me importaba. La posibilidad de huir estaba cerrada, pues atentaba directamente contra el honor del salón. Así que apreté los dientes, por decir lo menos, y me presenté con el resto de niños a la cita.
Tendríamos que ser por lo menos unos 30, lo que prometía la mayor de las batallas. Pasados unos cinco minutos de titubeos y negociaciones, comenzaron a volar los insultos. Y yo seguía sin entender nada, pues nada de aquello tenía sentido. Creo que en el fondo, sólo era la necesidad de zurrarnos unos a otros. Como monos luchando por el territorio. La gente que pasaba por la calle observaba con rápido desinterés lo que parecía cosa de niños, pero algunos de morbo más afilado, entendidos de lo que iba a pasar, se prestaron a acomodarse en cualquier rincón. A esas alturas, en mi cabeza, ya me visionaba esquivando cadenas y pequeñas navajas de bolsillo. Con el pelo lleno de grasa, el cigarrillo detrás de la oreja y mi chaqueta de cuero negro. Pero afuera, en la realidad, los dos líderes de cada bando comenzaron a calentar el ambiente. Y de repente, cuando era inminente el primer puñetazo, uno le grita al otro ¡Tu mamá! – ¿Mi mamá qué? ¡No te metas con mi mamá! – No, tu mamá, está ahí, mirando. Y fue una bendición. Aquella señora robusta se acercó al grupo, concretamente a su hijo y le espetó con la autoridad propia de su figura: ¡Homero!, ¿!qué está pasando aquí!? Y Homero, digno portador de tan legendario nombre, le contestó con la mayor naturalidad: - Nada mamá, estamos en una batalla de Break-dance, como en la película ¿te acuerdas?- Y comenzó a bailar invitando a su rival a seguirle el juego. No me quedó más remedio que abrazar al niño que tenía a mi lado, en un gesto de alegría mayor por salvar mi trasero y retirarme a comprar mi ración diaria de helado. Esa fue mi primera pelea, y creo que a día de hoy, también la última. Bendito sea el Break.
2 comentarios:
Yo tenia ese disco y ambas peliculas de formato Betamax. Tambien grabe en mi Beta el video "Beat It" de Jackson del programa Supervideos de "musiuito" y la parodia de Weird Al Yankovic llama "Eat It" que realmente me encantaba.
P.D. Que por cierto no te recuerdo como un sujeto de muchas agallas :)
Mis estimado Fantomas75, hay que leer bien. Creo haber dejado en claro mi situación cuando sentencio: "Supuse que era yo entonces del bando de los cobardes..." No hay dudas de que me conozco muy bien a mi mismo. Desde pequeñito se como soy. Saludos
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